Justicia | 29 diciembre, 2016

Estatolatría a forro

ILE

Resulta hilarante saber que a estas alturas del tiempo, nuestro congreso aun adolezca de la presencia de estatistas de medio pelo, que todavía creen en la tontería del estado como padre protector y benefactor de la sociedad, como el ente que debe velar por la moral y los “derechos” de todos y demás farfulladas.

Por eso es más que risible que gente como Yonhy Lescano, ande usando el parlamento para proponer sus mamotretos sin sentido y todo pagado con el dinero de los peruanos, ahora se le dio a este sujeto por ser el guardian de la moral de los ciudadanos.

La verdad es que no existe otra explicación para su absurdo proyecto de ley, contra la pornografía en Internet, que según él, “representa una afectación a la salud mental y a la educación sexual de las personas y representa un factor que incentiva los delitos sexuales” una total grosería, un insulto a la inteligencia, mejor le hubiera resultado presidir un escaño en el parlamento de Irán donde los salvajes ayatolahs deciden hasta el tipo de ropa interior que las mujeres deben usar, con guardianes de la moral incluidos.

Y es que esa es la consecuencia del pernicioso estatismo estúpido que la izquierda demente se encargó de introducir en el cerebro de los peruanos desde hace más de 40 años, no han faltado en las redes una maraña de desubicados que han salido a aplaudir el dichoso proyecto de ley con voces como:

“Solo los pornográficos estarían en contra de esta ley”, “Los ciudadanos decentes tomamos aquello como basura que contamina a la persona y causa los delitos sexuales” otros van más allá y hasta incluyen comentarios con ideología de género adicional dicen que “han visto harto machismo en la porno y que es bueno empezar una lucha legal contra el machismo en el porno” así de idiotas y hasta peores, hay quienes han llegado a decir en redes que “se debería prohibir el porno y al mismo tiempo sacar una ley que permita a los municipios financiar prostíbulos y trabajadoras sexuales municipales”.

Ninguna ley prohibitiva va disminuir los desórdenes o fallas sociales, las leyes no deberían darse para limitar las libertades de las personas, ni mucho menos para regular su moral y sus principios, no hace mucho una ordenanza municipal en Chiclayo, reglamentaba el tiempo límite para la venta de licores y el número de horas que debería funcionar una discoteca, una bufonada que no se ha cumplido en su totalidad tanto por el rechazo de todos y porque se ha forjado la consabida clandestinidad que siempre generan este tipo de medidas estatistas absurdas.

En resumen, la ley no se ha hecho para generar buenas intenciones o para hacer que las personas se transformen en santos, sino para asegurar la convivencia sin problemas e incidentes entre individuos y para sancionar las transgresiones, para otra cosa no sirve la ley, Lescano ya debería saberlo.

Leyes de ese tipo, no disminuirán los desórdenes mentales de los porno adictos, mucho menos los delitos sexuales que a diario se cometen por esa adicción, pues existen lugares de nuestro país muy alejados sin acceso a electricidad y la incidencia de delitos sexuales es elevada y sobre todo cometidos en el entorno familiar de las víctimas, de igual modo estos delitos se dan en las zonas marginales de las grandes ciudades sin que los agresores sean necesariamente porno adictos o consumidores de dicha industria.

La ley debería estar enfocada en endurecer las agresiones sexuales, sobre todo las que se dan contra menores de edad y no en prohibir las libertades de las personas, si alguien no quiere consumir pornografía está en todo su derecho y este debería ser respetado, de igual forma aquel que si quiere consumir está en su derecho y este debería ser igual de respetado y el estado debería garantizar que esas libertades y derechos individuales no sean limitadas.

Por lo demás todo tipo de legislación prohibitiva debería ser rechazada por la ciudadanía y en especial por los amantes de la libertad.

Por Richard O. Campos Villalobos, sociólogo y profesor de la Universidad César Vallejo. Reside en Chiclayo. Email: r_camposvill@hotmail.com

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