blog | 26 julio, 2001

¡Exigimos profundizar las privatizaciones!

ILE

¿Por qué se debe continuar con las privatizaciones?. La respuesta encierra variados motivos: para ganar eficiencia, para hacer el mejor uso posible de los recursos escasos (capital y dinero), para poner fin a los privilegios de activistas burocráticos, para eliminar la generación de sueldos improductivos, y lo más importante, para contribuir a disminuir el poder político sobre la vida económica de los 25 millones de peruanos. ¿Qué ganarían los empresarios?. Pues descubren que cuando el Estado se retira del mercado se genera un ambiente de competencia y oportunidades de hacer negocios. ¿Y qué significa para el individuo común?. Los economistas de la Escuela Austriaca decimos que cuando los empresarios invierten su dinero crean empleo, ingresos y utilidades. Al final todos salimos beneficiados.

La privatización ha probado ser un medio para alentar nuevos negocios. Tal vez como concepto sea abstracto, pero en la práctica ha comenzado por crear más de un millón de empleos en el Perú entre 1993 y 1997; para el segmento mejor calificado del país, pero si se hace más contundente la privatización, los individuos que hasta ahora se encuentran desempleados, serán absorbidos por las nuevas pequeñas y micro empresas (las cuales aportan el 40% del total de empleo en el Perú), debido que el Estado será más pequeño, cobrará menos impuestos, dejará más espacio al sector privado y será más barato crear empresas y puestos de trabajo. He ahí la importancia de las privatizaciones.

¿Por qué la mayoría de los peruanos tienen miedo a la privatización? Debido a que viven bajo un «status quo» derivado de un esquema mental paternalista, lo cual implica, como De Tocqueville apuntó, «una nueva forma de servidumbre». ¿Acaso la razón común implica otorgar a los políticos parte de nuestros ingresos para que nos solucionen nuestros problemas de salud, educación, alimentación, justicia, seguridad social, etc.? Al respecto, no hay que olvidar la frase de Milton Friedman: «no hay lonche gratis». Cabría preguntar ¿Acaso la autoestima de cada uno ha quedado en un segundo plano?. ¿Nadie confía en su propia capacidad individual de autosostenerse y progresar?.

Además, el gobierno no ha sabido difundir los beneficios de la privatización a la población. ¿Por qué? Debido a que, si sumamos el acumulado de las pérdidas de las empresas públicas entre 1970 hasta hoy, en valores actualizados, nos dan un acumulado de US $ 16,519 millones. Es decir, hubiéramos podido pagar más de la mitad de nuestra deuda externa. Pero no sólo eso, sí el sector privado hubiera invertido ese dinero en hacer pequeñas empresas industriales que luego hubieran dado ganancias, se habrían creado 3.3 millones de puestos de trabajo. Incluso, se podría seguir dando otros ejemplos en los casos de salud o educación. Pero creo que el ejemplo basta para dar una idea de la importancia de que los recursos esté en manos de quienes conformamos el sector privado.

Por lo tanto, exijimos que el gobierno traslade la responsablidad a las asociaciones civiles, empresas e individuos para que gestionen lucrativamente o no bienes tales como: hospitales, universidades, colegios públicos, SEDAPAL, gas de Camisea, fosfatos de Bayóvar, hidroeléctricas, universidades públicas, museos, zonas y monumentos arqueológicos, escuelas, carreteras, cárceles, mercados, comedores y empresas municipales. Asimismo, ríos como el Vilcanota, Marañon, Amazonas, el Cañon de Colca, zonas, parques y santuarios ecológicos como Pacaya Samiria, Manu, los Pantanos de Villa; las represas que generan electricidad, cárceles, bibliotecas, algunos tribunales de justicia, carreteras y túneles, aeropuertos y control de tráfico aéreo, ferrocarriles, parques y jardines, compañía de bomberos, animales en extinción, ríos, reservas naturales, museos, monumentos y ruinas arqueológicas.

Debemos comprender que la privatización es el cambio de responsabilidad del sector público al sector privado para proveer eficientemente bienes y servicios a la sociedad. De esta manera se pondrá fin a la injerencia del poder político sobre la vida económica de los 25 millones de peruanos para dar paso a las inversiones de las empresas, asociaciones civiles e individuos perspicases. ¡Hay que creer en uno mismo!

Por José Daniel García-Milla, Analista.

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