blog | 18 marzo, 2005

La agricultura no es para los campesinos

ILE

Uno de los viejos mitos más populares en nuestro país dice que la tierra es para quien la trabaja. El dictador Velasco Alvarado en los setentas no tuvo “mejor” idea que expropiar grandes extensiones de tierras agrícolas a los empresarios para entregárselas injustamente a los campesinos con la promesa que algún día saldría de la pobreza.

Sin embargo, Alan García son de esos seres raros que viendo la pobreza de los campesinos suelta propuestas irresponsables de otorgar más crédito para la agricultura o señalar que es una actividad social al igual que la salud y educación. Si uno recorre el Perú observará que hacer agricultura en la sierra es un callejón sin salida; tanto por las inclemencias del clima, como por lo inaccesible del terreno para cualquier transporte de carga pesada. Quiérase o no, cualquier agricultor serrano no tiene futuro en esta actividad económica, está en su libre decisión qué hacer con su vida, pero que gente como García y los estatistas de izquierda sigan sometiéndolo a un cruel e inhumano adoctrinamiento en pro de un Perú agrícola es desde todo punto de vista inmoral y condenable.

De una vez hay que desenmascarar este viejo mito poniendo las cosas en su respectiva dimensión. El Perú no es un país agrícola. Es un accidente muy desafortunado para los campesinos haber heredado estas tierras y encima haber soportado durante décadas el inhumano adoctrinamiento estatista. Para comenzar tenemos una costa con escases de agua y grandes extensiones de arenales totalmente alejado del sueño de ser un país del Grupo Cairns, por lo que cualquier aventura en esta actividad tiene que hacerlo empresarios con gran sentido del riesgo, dispuestos a invertir en grandes latifundios para industrializar la agricultura y asumir sus pérdidas si el clima no los favorece. En Ica, por ejemplo, se observa como capitales foráneos están comprando grandes extensiones de tierras a los campesinos que prefieren vender sus tierras y ser dependientes que ser pobres toda su vida. En cuanto a los campesinos de la sierra, no es posible condenarlos toda su vida a realizar una actividad que no es rentable. La agricultura no los va sacar de pobres, es mejor que emigren a las grandes ciudades en busca de un futuro mejor.

Pero es cierto que ningún buen futuro podrá ser posible si es que no hay toda una reforma para reducir el estatismo, liberalizando y desregulando la economía e institucionalizando las normas que permiten desarrollar la libertad económica y política en favor de los campesinos y pobres en general.

Por Jose Luis Tapia, Director de ILE.

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