blog | 9 septiembre, 2019

Libertad de ayuda privada

ILE

Por José Luis Tapia Rocha, Director General de ILE, Economista, Profesor universitario, Presidente del Centro de Liberalismo Clásico, Vice Presidente por Perú del Foro Liberal de América Latina y Promotor del Partido Devolución.

Los estatistas han conseguido un tremendo éxito con la pobreza.

Han logrado perpetuarla e instalarla en la agenda política con más estatismo.

Pero la gente aspira a ser rica.

Hay todavía libre empresa que se esfuerza por ofrecer mejores estándares de vida.

Invierten y producen para ser ricos.

Sin embargo, el estado compite contra la libre empresa enfocado principalmente en la lucha contra la pobreza.

Esta perspectiva está equivocada.

Lo que se necesita son políticas que neutralicen las políticas estatistas.

Estas permiten la libre creación y distribución desigual de la riqueza.

Como los estatistas se alimentan de ideologías, compran la socialista que es más favorable a sus apetitos políticos.

Hay varios tipos de socialismos; socialdemócrata, socialcristiano, nacionalsocialismo (fascismo) y anarco sindicalismo.

Todas ellas coinciden en un solo objetivo: la expropiación institucionalizada de la riqueza para su posterior distribución política.

Los objetivos políticos del estatismo giran alrededor de quitar la riqueza de algunos para entregárselo a otros.

Las políticas públicas de combate contra la pobreza se llaman programas y políticas sociales.

Los impuestos recaudados son el producto de las expropiaciones monetarias realizadas.

Incluye a los mismos pobres para dárselo a otros pobres.

Los impuestos son el instrumento redistribuidor del estatismo.

Líneas arriba mencioné que los impuestos quitan la poca riqueza a los pobres.

¿Cómo es eso?. Bueno te diré que ya el famoso estadista y padre fundador de los EE.UU.

Benjamin Franklin había escrito que hay dos cosas inevitables en la vida: la muerte y los impuestos.

A contra corriente de lo que piense la mayoría, el libre empresario sabe que a mayor impuesto menor desarrollo.

De modo que se cierra este círculo vicioso.

El empresario sin capital no puede producir riqueza.

El estatismo necesita de los impuestos para sus políticas sociales.

De modo que destruir la riqueza antes que se produzca es un paso necesario en el éxito de la perpetuación de la pobreza.

Así el objetivo se alcanza.

Ya que los pobres no tienen tiempo para desengañarse sino para trabajar no saben que el origen de su pobreza se lo debe al propio gobierno.

Por un lado, se les ayuda aparentemente con estos programas y por el otro, se les expropia su poca riqueza destruyendo su poder adquisitivo con impuestos a las ventas e inflación.

Y para empeorar la situación, se le controla al empresario al máximo para que produzca poca riqueza y encima cara.

En vista del fracaso de los programas sociales por las filtraciones, corrupción, intoxicaciones, ahora tratan de pasar del asistencialismo al emprendedorismo.

Si bien es inmoral la destrucción de la riqueza, lo peor es que estas políticas anulan a los pobres como seres productivos.

Además de quitarle su capacidad de auto realización personal, se les hace un gran daño a su auto estima con un mensaje estatista como éste: “sin la ayuda de los programas sociales serás vulnerable a la pobreza”.

En resumen, estas ayudas anulan a las personas como seres independientes del estado.

El objetivo político no acaba allí.

Los estatistas hacen sumas.

Mientras mayor sea el número de pobres será mayor el número de votos dependientes.

Como el estatismo anula la capacidad intelectual de los pobres no tienen cabida para rechazar este paternalismo estatal.

Los pobres se someten de manera natural al juego político del estatismo, y se vuelven obedientes al poder.

Así la inteligencia del estatismo consiste en acondicionar la mente del pobre para recibir y no para producir.

Así no hay espacio para ejercer la libre empresa.

Por ello en la venta de las ideas liberales se plantea desde otro ángulo el problema.

Nunca se va trazar como objetivo combatir la pobreza.

El objetivo político es la creación de riqueza.

Y más aún, la verdadera política social es que la gente libremente invierta sus capacidades para producir riqueza para otros.

En términos macroeconómicos, el crecimiento económico es la mejor política social.

Además de ser eficiente esta política (porque logra mejores resultados con menos burocracia), es justa; porque al crecer ganan todos y no le quitas nada a nadie.

En esta política, no hay impuestos que recaudar sino inversión que facilitar.

No hay ninguna anulación de personas por hacer sino que los pobres pueden emplear sus capacidades potenciales en empleos e ingresos que su inversión produzca.

Es justo porque la distribución de la riqueza está bajo criterio de valor que hagan para otros.

Reciben ingresos, no por su condición sino por su contribución de valores al mercado.

El objetivo liberal de la riqueza aleja cualquier manipulación estatal.

Los votos no cuentan para que llegue la riqueza.

Aquí lo que se fomenta es la virtud de ayuda al prójimo.

Solo por razones de incapacidad física e intelectual, las fundaciones, organizaciones no lucrativas, y otros salen en ayuda de estas personas.

Como son organizaciones millonarias, hacen la cobertura de manera efectiva.

El objetivo político con los pobres es dejar que el sector privado desarrolle las virtudes de la benevolencia.

Así es como se despolitiza la ayuda social hacia los pobres.

Solo hay pobres involuntarios e injusticia en el estatismo.

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