blog | 9 septiembre, 2019

Libertad de comerciar internacionalmente

ILE

Por José Luis Tapia Rocha, Director General de ILE, Economista, Profesor universitario, Presidente del Centro de Liberalismo Clásico, Vice Presidente por Perú del Foro Liberal de América Latina y Promotor del Partido Devolución.

La política comercial es un conjunto de reglas que regula, controla, supervisa y ejecuta las actividades de exportación e importación de los empresarios libres.

Usualmente, el responsable es el Ministerio de Comercio Exterior y el Ministerio de Economía y Hacienda.

Las variables a controlar son las exportaciones e importaciones.

Los tipos de políticas son librecambistas y proteccionistas.

Sus instrumentos de la primera son el unilateralismo comercial y Free Cities.

De la segunda son los aranceles, y las medidas no arancelarias que están reguladas por el marco jurídico de la Organización Mundial del Comercio.

La política proteccionista es aquella que busca impedir la entrada de riqueza en bienes y servicios del extranjero bajo el argumento de proteger los empleos, industrias nacientes o por razones estratégicas.

Henry George, autor del libro “Protección o Libre Cambio”, señala que proteger no tiene consistencia debido que en el sentido literal es impedir amenazas que hagan daño al individuo.

Por ejemplo, uno se protege del frio, pero no de la ropa que lo abriga.

Uno se protege del hambre, pero no de los alimentos que lo nutre.

Uno se protege de la ignorancia, pero no de los libros que lo educa.

Usar la palabra proteger – dice George – para los bienes y servicios no tiene sentido comercial.

A lo mejor, los proteccionistas han querido decir que la protección sirve para evitar que los vendedores impongan sus productos.

Pero no es suficiente con la voluntad del vendedor para que se produzca la venta de bienes y servicios, se necesita de la voluntad de la otra parte llamado consumidor.

Sin el consentimiento de este último no se produce ningún intercambio.

George descarta esta segunda posibilidad.

Entonces, el autor concluye que si no son las cosas ni son los extranjeros, es que el problema real viene de nosotros mismos, porque somos incoherentes.

Por un lado, nuestro deseo es comprar barato al extranjero y al mismo tiempo le decimos al gobierno que nos autoimponga todo tipo de barreras para no comprarle al extranjero.

La única causa eficiente que vengan productos del comercio internacional somos nosotros y no por el deseo de los exportadores extranjeros de querer vendernos.

Nosotros somos libre cambistas en la práctica por que deseamos comprar lo más barato del extranjero y somos proteccionistas en la doctrina de política comercial porque justificamos teóricamente todo tipo de barrera para impedir lo que justamente queremos hacer: comprar.

Finalmente, George concluye que no es protección la palabra más adecuada para describir la política proteccionista sino la palabra “impedir” que no sea otra cosa que restringir la entrada de mercaderías del extranjero.

La política comercial libre cambista es la eliminación de ese impedimento de entrada de bienes y servicios del extranjero.

Los libres cambistas entienden que los bienes y servicios son riquezas, que la entrada de riqueza es lo más conveniente para enriquecer a un país y que cualquier salida de mercadería al extranjero reduce nuestro acervo de riqueza.

La consigna de cualquier economista de libre empresa es ver con buenos ojos la entrada de riqueza y entristecerse por la salida de ésta.

Ve a las importaciones como beneficio y a las exportaciones como un costo.

Por ello, son defensores de la balanza comercial económica por que el saldo positivo lo hace las mayores importaciones y las menores exportaciones.

Los mercantilistas y socialistas defienden la balanza comercial contable, donde saldo positivo lo establece el mayor valor de las exportaciones y el menor valor de las importaciones.

Un instrumento de la política librecambista es el unilateralismo.

Unilateralismo es cuando un país toma la iniciativa para realizar medidas libre cambistas como la eliminación de aranceles, regulaciones y controles que impidan la entrada de mercaderías del extranjero sin tener que esperar un tratado comercial.

No espera que el resto de países liberalicen el comercio internacional cuando lo puede hacer primero.

Entiende que mantener restricciones al comercio internacional es un daño que se hace el país a sí mismo, por eso mientras más pronto se elimine cualquier impedimento al comercio libre beneficiará a las empresas libres y las personas.

Es una política de integración con el mundo de manera rápida sin negociaciones, reciprocidades y condicionamientos al resto de países.

Un libre cambista es un partidario de una economía abierta al mundo.

Rechaza las aduanas por ser proteccionistas, sus procesos interrumpen la libre fluidez del comercio.

No quiere aduanas ni sus controles porque ve al exportador e importador como individuos que actúan de buena fe.

La aplicación de la ley solo es posible cuando el gobierno es engañado declarando mercaderías que no son o que pone en riesgo inminente la salud y la vida de gente.

En este último caso, será un juez que restrinja la entrada de mercaderías cuando hay indicios que violen derechos individuales.

Un libre cambista no es partidario de los Tratados de Libre Comercio (TLC). Considera que los TLC es comercio administrado.

Un verdadero TLC tendría un solo artículo que diría “elimínese toda restricción al comercio exterior e interior”.

Debe el comercio ser tan libre tanto dentro como fuera del país.

El segundo instrumento de la política libre cambista es el Free City o ciudades libres.

Se le llama así porque tienen un marco legal distinto al resto del país.

Es más bien una estrategia de largo plazo por efecto demostración de los beneficios de libre comercio para convencer a los escépticos y resto de opinión pública.

El marco legal determina la prosperidad de una economía.

Tienen estatuto legal especial que restringen al gobierno nacional intervenir en las relaciones mercantiles.

Estas Ciudades Libres pueden empezar donde hayan habitantes pobres que necesitan ayuda del mercado libre.

Se necesita una vacación legal concedida por el parlamento del país que lo auspicia para que tenga una moratoria de aplicación de las leyes de la República por 7 años o más.

Lo único que se reserva el gobierno es el monopolio legal de la titularidad del espacio territorial con soberanía pero no legal, ni judicial, ni policial.

Para esa ciudad solo basta con un estatuto legal de 10 artículos donde se respeten los derechos individuales a la vida, libertad y propiedad.

Los jueces serán contratados internacionalmente por los inversionistas y llegaran cada cierto tiempo a despachar resoluciones judiciales donde se violen derechos de alcance penal.

Las cortes son privadas para ver los otros derechos que no sean penales.

La policía privada es contratada por los inversionistas para mantener el orden y seguridad en las calles.

Las fuerzas armadas si son financiadas por el gobierno nacional con los impuestos mínimos que aporte esta ciudad.

No hay ninguna restricción al mercado libre, no hay regulaciones a la economía, no hay aduanas, no hay organismos reguladores, no hay ministerios, ni oficinas de gobierno central, ni regional, ni municipal.

Este experimento económico si ha tenido éxito como es Hong Kong, Singapur, las zonas ricas de China, Mónaco, Andorra, Leichtenstein, y San Marino como lo informa el profesor Hans-Hermann Hoppe.

Lo importante para un economista de libre empresa es buscar la eliminación o reducción del peso del intervencionismo estatal en el comercio internacional.

El estatismo debe reducirse a través de la política comercial libre cambista.

Hay espacios creativos de política que puede llevarse a cabo de manera consistente con los principios de la libertad empresarial.

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