blog | 9 septiembre, 2019

LIBERTAD DE PRIVATIZAR LA AYUDA SOCIAL

ILE

Por José Luis Tapia Rocha, Director General de Instituto de Libre Empresa, Economista, Profesor universitario, Presidente del Centro de Liberalismo Clásico, Vice Presidente por Perú del Foro Liberal de América Latina y Promotor del Partido Devolución.

Si tú quieres anular a una persona basta con solo regalarle algo para satisfacer una necesidad.

Lo que estás anulando es toda su potencialidad para resolver dicho problema.

Vuelven a las personas en víctimas de los acontecimientos.

Los programas sociales de gobierno que otorgan alimentos, ropa, educación, medicinas a la gente, son instrumentos anulatorios de personas.

Los libera de la responsabilidad de actuar en beneficio propio.

Quien regala es su tutor y tiene capacidad de controlarlo.

Es un dependiente mental y físico.

Los programas sociales son las herramientas emocionales del estatismo.

No soporta análisis racional ni justificación moral.

No es técnico el argumento sino subjetivo su propósito.

Es lástima lo que mueve la sensibilidad de la gente al aceptar que el estatismo sea la encargada de regalar bienes y servicios.

El factor merecimiento es tan arbitrario como regalar lo que es de uno.

Los programas sociales crean problemas de auto estima, confianza en su capacidad y quiebran la unidad familiar.

La autoestima se ve dañada por los regalos estatales.

Solucionan temporalmente la necesidad biológica pero dañan permanentemente la mente humana.

Crea una patología de una mente que desconfía de sí misma.

El que acepta algo a cambio de nada se vuelve dependiente mentalmente.

El que da está en mejor situación psicológica del que recibe.

El que recibe justifica su dependencia por la lástima que intenta generar.

Es conocida como la filosofía de la víctima.

Echa la culpa de sus circunstancias o infortunio a su relación con los demás.

Pierde el control total de su situación, y capacidad de resolver un problema.

Por ello es más fácil transferir la responsabilidad al gobierno cuando sabemos que el mercado no regala nada.

Es la inacción el principal veneno para con su vida.

La valía del individuo se desmorona por los suelos.

Los programas sociales son las herramientas que destruyen el núcleo familiar.

Cuando un padre de familia recibe dinero del gobierno en forma de seguro de desempleo, es un pésimo ejemplo para con sus hijos. No es un modelo de padre ejemplar a seguir.

En la imagen mental de los hijos no encuentra razonable la justificación de no trabajar.

Mientras el resto de familias trabajan para vivir, los hijos no sienten orgullo sino conflicto emocional ante esta situación anormal.

La familia dependiente del estatismo se siente emocionalmente indefensa.

El desenlace es conocido: los hijos no respetan a los padres y la familia se vuelve disfuncional. Los padres no cumplen con su rol y los hijos también.

Todos se encuentran en desventaja emocional para mantener la unidad y armonía familiar.

Los programas sociales controlados por los políticos son una herramienta perversa que manipula la voluntad de los dependientes.

No importa si lo hace una dictadura o democracia; los políticos no tienen escrúpulos o principios que distinguir.

El fin justifica los medios.

Un empresario de libre empresa desaprueba moralmente que los recursos estatales sirvan para destruir la autoestima de la gente pobre.

Si la pobreza de medios económicos es un gran misil contra la unidad familiar, peor es el que estado regale alimentos.

Los regalos estatales anulan la capacidad productiva del pobre para revertir su situación que enfrenta.

Hay triplemente falta de legitimidad moral de estos programas:

a) por que el dinero es extraído por impuestos

b) por que destruye la familia y

c) anula a las personas como seres productivos.

Los empresarios de libre empresa no se oponen a la ayuda social sino a los medios con que se resuelve dicha situación.

Considera que el sector privado no lucrativo utiliza medios éticos para conseguir donaciones con fines sociales.

No utilizan impuestos sino la persuasión convertida en virtud de sus promotores.

Las instituciones privadas caritativas no pone de por  medio consideraciones políticas sino la compasión y benevolencia en sus corazones.

Y sus principales benefactores son las empresas privadas.

Si te pareció útil, comparte este comentario.

Entradas Recientes