blog | 9 septiembre, 2019

Libertad moral de emprender

ILE

Por José Luis Tapia Rocha, Director General de ILE, Economista, Profesor universitario, Presidente del Centro de Liberalismo Clásico, Vice Presidente por Perú del Foro Liberal de América Latina y Promotor del Partido Devolución.

El empresario está por encima del gobierno.

El gobierno es su servidor y los gobernantes están al servicio de la gente.

Los derechos a la vida, libertad y propiedad privada ponen al empresario en una posición moral superior al gobierno.

A diferencia del estatismo, que destruye de manera ilimitada la riqueza, el empresario libre crea y construye a pesar de todo.

Estando el empresario por siglos bajo el yugo estatal; sea monarquías, dictaduras, y democracias, se ha sabido sobreponerse a la adversidad con su talento y creatividad empresarial. Es como la filósofa rusa Ayn Rand llama a estos creadores “héroes” del capitalismo.

A pesar que el estatismo ha intentado quitarle su libertad, este no ha triunfado en el ámbito moral.

El empresario es creativo y productivo.

No obedece órdenes, tiene alta autoestima, aprecia a su prójimo y lo sirve de manera voluntaria.

Hace bien produciendo y comercializando productos y servicios con valor.

Si hace el bien, habrá conquistado la recompensa económica de su semejante.

Respeta la decisión de su prójimo si no le compra lo que le ofrece.

No lo toma como algo personal.

Solo advierte que no ha hecho bien su trabajo para ofrecerle algo de valor por encima de sus expectativas.

Este comportamiento civilizado lo pone a una altura moral por encima de cualquier autoridad estatal.

El empresario produce para ganarse ingresos y sostener su vida.

Es libre para decidir qué hacer con su dinero.

Es propietario de su riqueza.

No tiene culpa por sus ganancias sino más bien se siente orgulloso del logro obtenido en forma de riqueza.

Desarrolla virtudes cada vez más acentuadas a medida que se hace rico como la generosidad, honestidad, integridad, benevolencia y justicia.

En cuanto a la generosidad gratifica a quienes lo sirven en su condición de empresario o trabajador, recompensa a quienes dieron más de lo esperado, esa es la ley de la vida.

Dar para recibir.

La honestidad es lo que le enseña el ambiente de los negocios si quiere triunfar a largo plazo.

La honestidad es la mejor política empresarial para asegurar la reputación en la sociedad.

Integridad es la coherencia entre pensamiento y acción.

En el libre mercado, se actúa conforme a la realidad.

Si hay necesidades de alimentación se ofrece productos alimenticios.

Se anuncia lo que se vende, no lo que no desea vender.

En el libre mercado, la benevolencia es lo opuesto al altruismo.

Benevolencia significa ayudar a tu prójimo en la medida de tus posibilidades.

El altruismo pide sacrificio, no amor.

La benevolencia es consecuencia del desarrollo de la virtud de amar, por ello viene la bondad hacia el otro.

Eso ha sido siempre la costumbre.

Por último, la justicia.

No se puede ser justo en un ambiente coactivo.

No se puede dar a cada uno lo que le corresponde si no hay la libre elección, solo en ambientes voluntarios aparece la justicia.

Por ello el estatismo no puede ser moralmente superior al mercado por que usa el control.

Sus relaciones con el empresario no son de igual a igual, el estatismo impone su voluntad bajo el uso de las leyes.

La autoridad moral del empresario libre es reconocida por quienes son partidarios de la libertad.

Ellos ponen al empresario libre por encima del gobierno.

El mercado libre permite al empresario desarrollar las virtudes y la capacidad creativa de la riqueza.

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