blog | 24 julio, 2012

Los frentes de defensa de la libre empresa

ILE

Resulta extraño que los frentes de defensa solo sean atribuibles a un tipo de masas de gente organizadas en la defensa de sus intereses. Las empresas también están compuestas por gente que defienden sus intereses con esfuerzo y producción. El que uno defienda una postura en las calles no implica que el otro se allane a sus exigencias. La empresa defiende consistentemente sus intereses dentro de su misión económica. Sin embargo, no se entiende cómo es que las empresas responden de forma estandarizada frente a demandas sociales dinámicas como si sus programas de responsabilidad estuviesen diseñados para tal fin.

Me parece que hay una equivocación en el modelo de gestión de sus  directivos;  considerar que dichos programas sean efectivos frente a una realidad que le exige explicaciones y acciones sobre su rol en la sociedad. No estar preparadas para asumir a tal desafío mayor demuestra la carencia en la innovación de sus modelos de gestión comenzando por que no tienen claro cómo deberían integrar una estrategia de mercado con una de no mercado. Creo que las empresas claudicaron al no innovar los programas de RSE dando un mensaje que suena más a disculpas con el público en lugar de reivindicar su orgullo corporativo con una dosis de humildad de sus directivos.

Entonces, qué perspectivas serían válidas ante su nula efectividad en la defensa de sus intereses. Para comenzar, debo señalar que la empresa como institución capitalista ha dejado de ser un simple agente económico; ha pasado a ser en la actualidad  un actor central en la vida social, política, cultural, por señalar algunos rasgos resaltantes. No creo que sus programas, departamentos o áreas de relaciones públicas y comunicaciones estén a la altura de responder al enorme desafío de ser agentes subsidiarios del rol del estado. Las empresas se están internalizando gradualmente en la sociedad como parte de su vida misma, solo observen como se les exige a la empresa que realice labores que antes le estaban reservadas  al gobierno.

Con las mismas  herramientas que ahora viene trabajando están prácticamente inviabilizando su misión. John Galt en La Rebelión del Atlas señaló qué camino tomar. No obstante, son muchas voces que indican que el modelo de gestión 1.0 ha concluido.  Por ejemplo, en la mayoría de los casos no se hace uso inteligente de herramientas de política para influir efectivamente en la opinión pública donde impacta con su presencia.

El ansia de la reputación corporativa buscada por las empresas esta conceptualizada para gestionarla financieramente como un intangible en el 1.0. Pero este tipo de gestión no reconoce las exigencias sociales por empresas admiradas, respetadas y queridas. Una innovación  gerencial importante les recuerda a los ejecutivos que la gente quiere que la empresa sea la abanderada de valores como la justicia, verdad y libertad.

Estas dimensiones un tanto desconocidas para la administración no  lo son para aquellos que se desenvuelven en el mundo de las letras y el arte, filosofía, política y antropología.  Las escuelas de negocios han desarmados de estas habilidades esenciales de gestión de los asuntos públicos cada vez más influyentes en la sociedad. Es hora que las escuelas gerenciales se innoven urgentemente frente a esta nueva lectura empresarial.

Otra perspectiva a considerar es la de diseñar estrategias para un nuevo rol en la sociedad de modo que sean vistas como gobiernos privados donde su contribución con la sociedad no sea exclusivamente el construir colegios o postas médicas sino pensamientos y acciones empresariales que causen admiración, amor y respeto. Creo que para comenzar a gestionar estos intangibles de largo plazo debe comenzarse a utilizar instrumentos de poder que fueron probados su efectividad en el campo de la política pública. Me refiero a los think tank y do tanks.  Estos son laboratorios de ideas donde se cocinan acciones de  construcción de un mundo mejor que tienen que ver con los valores políticos de la libertad, justicia, mercados libres, verdad y propiedad privada. Digamos que los frentes de defensa de los intereses de una región son una artesanía de lo que sería un think tank o un do tank. Estas organizaciones son flexibles y no solo son patrimonio de intelectuales, ex funcionarios de gobiernos, o ex comunistas, también lo son de empresas que legítimamente defienden sus intereses en el terreno de las ideas y acciones.

Los frentes de defensa pueden ser creadas desde las  empresas mismas. Un laboratorio de ideas (think tank) pueden crear las estrategias necesarias para influir sobre la opinión pública local. Un programa de RSE es neutral en ese sentido, no está conceptualizada para la defensa abierta de intereses y lo conciben como instrumento de marketing. Un think tank por definición influye sobre la política y también sobre la opinión pública. Las poblaciones son exigentes en saber qué persiguen las empresas, qué beneficios van a ofrecer, por qué se debe confiar. Un think tank investiga, propone, comunica, persuade e influye, creando un ambiente de confianza, libertad, eficiencia y honestidad para la empresa.  El do-tank es el que organiza el activismo, moviliza a la gente, encausan sus exigencias en las calles, pero lo hacen de manera profesional, organizada, dentro de una estrategia de no mercado que forma parte de la estrategia general de la empresa. El do tank es en la práctica un frente de defensa para repeler la violencia artesana de grupos sociales parasitarios en el sentido randiano que no se adaptan a escenarios modernos, de prosperidad, y libertad. Así como un arma de fuego es una herramienta de defensa de un individuo un think tank y do tank son arman que no disparan balas sino pensamientos y acciones de promoción social.  Un frente de defensa empresarial también responde al uso del principio de auto defensa con gente organizada para repeler el ataque de grupos de desadaptados. En todas partes del mundo el principio de autodefensa es moral y no tiene que estar excluido para las empresas.

Si los gobiernos no son eficientes y efectivos para garantizar los niveles mínimos de prosperidad y seguridad, las empresas pueden tener el rol subsidiario en los asuntos sociales a  cambio de recibir créditos fiscales de modo que el gobierno dedique recursos a resolver asuntos esenciales como justicia, seguridad y ciertas obras públicas. Me parece que esta perspectiva presentada es una manera efectiva de limitar la acción estatal en lugar de atendiendo demandas sociales de salud y educación para los cuales no ha sido creado el gobierno y que pone en grave riesgo los ambientes de seguridad y libertad que necesitan las empresas para sacar de la pobreza a mucha gente pacíficamente.

 

Por Jose Luis Tapia

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