blog | 3 abril, 2009

Otro enfoque para el contrabando

ILE

Hace unas semanas el Jefe de la Región Policial Puno, Raúl Velarde, mostró orgulloso el balance anual 2004 de lucha contra el contrabando. Muestra haber decomisado la suma nada despreciable de dos millones 200 mil dolares en mercaderias y la captura de César Saravía Blanco (a) <<ceviche>>. Esto prueba que la fuerza represiva del Estado no sólo desvia su atención en asuntos triviales sino que también extralimita su aplicación con los comerciantes. Tenemos el caso de Christian Venancio, un humilde comerciante de solo 22 años, quien fue brutalmente asfixiado por los serenos del distrito limeño de San Isidro, al mando del Alcalde Jorge Salmón. ¿El Estado es una institución para asesinar comerciantes o para perseguir secuestradores, terroristas y violadores?

 

El fenómeno del contrabando no sólo ha empleado métodos persuasivos para ganarse a la autoridad sino que cientos miles de peruanos se han beneficiado en las últimas décadas sin sentir culpa alguna. No es casualidad que hasta ahora esta poderosa fuerza del mercado libre no haya podido ser erradicada por ninguno de los gobiernos de la historia republicana. Ni creo que lo vayan a poder hacer ahora a menos que se cambie el actual enfoque que confunde el efecto con la causa. Gracias a este comercio informal, miles de peruanos en Puno, Tumbes e Iquitos todavia encuentran trabajo en el Perú, generan ingresos para sus familias y hacen prósperas sus localidades de manera pacífica.

 

El empresariado formal se equivoca cuando exije al Gobierno que erradique el contrabando usando la fuerza represiva. El gobierno no ha sido creado para atacar actos pacíficos como este tipo de comercio. Utilizar la fuerza y represión más corresponde para actos violentos como secuestros, robos o terrorismo, pero de ninguna manera para actos pacíficos como el contrabando. Por ello convertir en delito aquel comercio que no reúne los patrones del mundo formal es destruir de un modo inevitable el respeto a la ley. La corrupción, fraude y falsas declaraciones ocurren diariamente en las aduanas por la existencia de aranceles y cualquier impedimento al comercio libre. Si algo prueba este comercio ilegal es que no es inmoral.

 

No debemos perder de vista que el contrabando es efecto del tamaño gigantesco del Estado que se cobra de los ciudadanos altos impuestos, aranceles y asfixiantes regulaciones estatales. De modo que el gran responsable del origen del contrabando no son los comerciantes sino el propio Estado. ¿No parece raro que durante tantas décadas se esten equivocando millones de peruanos sino cómo se explica que el Perú tenga una de las economías más informales del mundo llegando al 60% del PBI según documentos del Banco Mundial?.

 

Por ello considero que seguir luchando contra el contrabando es una batalla perdida. Más bien, la solución está en que el mundo formal debe luchar contra el Estado para que reduzca su tamaño y no arrojando a miles de peruanos al riesgoso comercio del contrabando.©

 

Por Jose Luis Tapia, Presidente de ILE.

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