blog | 20 enero, 2004

Para evitar el Bolivianazo

ILE

Después de conocer que sólo el 5% de los más pobres respaldan al Presidente Toledo queda demostrado una cosa; el estatismo es para los ricos. Claro, como no van estar furiosos si ya se anuncia una convulsión tipo Bolivia y no dejan de rumorear que “el cholo va caer”. Y tienen toda la razón. Como no luchar junto a los comunistas, nacionalistas y socialconfusos contra el modelo neoliberal; ese neoestatismo que empobrece los bolsillos. Sin embargo, las izquierdas y nacionalistas siempre se equivocan al recurrir a su Dios “Estado” para resolver problemas económicos y políticos que el mismo los crea.

Lo mismo hace la clase dirigente empresarial. Respalda este modelo de gobierno ilimitado en funciones y gastos, de mercados reprimidos y asfixiados con impuestos y regulaciones y de instituciones privadas dependientes del Estado. Para ganar dinero se sirven de las exoneraciones, convenios de estabilidad jurídica y tributaria, regulaciones amañadas y agencias reguladoras sin independencia técnica ya que son pagadas con el dinero de las empresas reguladas.

Los partidos tradicionales…¿qué dicen? ¿Dan respuesta a los acuciantes problemas económicos?. En absoluto. Por eso tiene razón las corrientes conspiradoras y antidemocráticas cuando el problema es de sistema, y no de personas. “El sistema está podrido”, dicen. Y estamos de acuerdo con que el agotamiento del modelo neoliberal en Perú es la principal causa con que se avizora la renuncia del presidente Toledo.

Hay una sola manera de enfrentar a los estatistas de izquierda, derecha y nacionalistas antes de que lleguen al poder; y es con otro proyecto comparable, que pueda competir en atractivo para las capas populares. Un proyecto liberal que verifique las siguientes condiciones: Primero, que sea liberalismo clásico con postulados de Gobiernos limitados en lo político; mercados libres en lo económico; e instituciones privadas separadas del Estado en lo social. Segundo, que sea completo. Tercero, que sea puro sin fórmulas mixtas tipo “tercera vía”. Cuarto, un liberalismo con vocación popular (ej:privatizaciones con accionariado difundido). Quinto, un liberalismo con raíces cristianas. Y sexto, un liberalismo encarnado en una empresa política exitosa: un Congreso liberal para derogar las leyes que empobrecen y desestabiliza la democracia.

Por José Luis Tapia, Director General de ILE y economista.

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