blog | 21 agosto, 2003

¿Por qué los empresarios necesitan de amor propio?

ILE

Nuestra constitución afirma que el Estado garantiza el derecho a la libre empresa, asi como el derecho a la propiedad privada de las ganancias.

Aunque parezca una invención el 60% de los fundadores de los EE.UU. fueron empresarios comerciantes.

¿De dónde sale ese derecho moral a las ganancias?.

La filosofía de libre empresa le dice a cualquier empresario que no es cierto que tenga el deber moral de hacer feliz con su dinero a un colectivo social.

Esta filosofía enarbola un principio relacionado con el amor propio: que cada hombre tiene el derecho a vivir su propia vida, su personal interés, y gozar su propia felicidad a lado de los suyos.

No le dice al empresario: preocúpese de los demás ante que de usted, o viole el derecho de los demás sin importarle nada.

En cambio si le dice: persiga sus propios objetivos y metas, trabaje para si mismo y su familia, y respete el derecho de los demás para que ellos respeten las suyas.

En el fondo destaca la importancia de aquella gente con amor propio.

Son individuos que proyectan un país lleno de bienes y servicios -como llama Mark Skousen -, son hombres y mujeres individualistas, con egos y sus “yo” bien marcados.

Sin embargo, en el Perú escuchamos ideas contrarias a la libre empresa.

No es casualidad que las grandes víctimas de nuestras mezquinas actitudes, mayormente denunciados y vilipendiados, sean los empresarios.

Aunque son grandes en sus proezas materiales y sirve de ejemplo para cualquier espíritu emprendedor, sin embargo, son descalificados moralmente de acuerdo al consenso de hoy.

¿Y de qué los acusan los envidiosos y altruistas profesionales?. De inmorales y pecadores por crear riqueza y ganar sumas de dinero.

De hecho, califican a los empresarios como seres egoístas.

El amor propio es inherente al verdadero espíritu de los negocios: los empresarios buscan hacer ganancias, las máximas posibles—vendiendo al mayor precio de mercado- claro que no al margen de las prioridades sociales.

La Escuela Austriaca de Economía enseña que los empresarios buscan hacer dinero— y mientras mayor sea, mejor para la sociedad-  por que habrá atendido las urgentes necesidades y preferencias de la mayoría de la gente.

Las ganancias son productos del trabajo inteligente desplegado, por ejemplo, creando bienes y servicios.

Son ganancias obtenidas no por fraude o robo, sino por producir riqueza y comerciar con otros.

Sin querer los empresarios al momento de disfrutar de sus beneficios favorecen a toda una ‘comunidad’ sin proponérselo.

En realidad es una consecuencia secundaria de sus acciones y no proviene de un deber moral con algún colectivo de la sociedad.

Gracias al amor propio de los hombres de negocios las ganancias no son una expresión vana sino el resultado de una proyección mental de sus decisiones, tratos y acciones inteligentes para beneficio de ellos, de sus familias y del resto de la sociedad.©

Por José Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa (ILE)

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