blog | 4 junio, 2017

Profesionalizar a las Fuerzas Armadas, ya!!

ILE

Por más que le llamen «accidente» a la muerte de cuatro jóvenes militares en la peligrosa playa de Marbella en el mar de Lima, no puede ocultarse la gravísima irresponsabilidad que dicha acción encierra, se trata de cuatro vidas jóvenes que de otra manera hubieran llegado a casa a abrazar a los suyos y seguir el camino del bien.

Y es que no es ningún accidente, señores, es el típico y conocido abuso militar que siempre ha cuestionado la ciudadanía y que usualmente, como ahora, parecería que se quiere dejar el caso impune como si fuera un hecho aislado, seguro eso le parecerá a algunos militaristas y conservadores de medio pelo, pero es que estas cosas ya son sonadas y no es la primera vez que pasan.

El ministro de Defensa – que para colmo pertenece a esa cofradía de caviares indeseables– ha querido sorprender a la ciudadanía ante cámaras sobre el hecho espetando una pachotada, el muy embustero dijo que estos jóvenes «se ahogaron tomándose un selfie», Por favor! ¡Ni él se cree eso! Hay fotos es cierto, pero ninguna hasta el momento demuestra la ligera afirmación de este ministro.

Veamos, los puntos sobre las íes. Los jóvenes que hacen el servicio militar, lo hacen precisamente por dos aspectos importantes: Porque buena parte de ellos provienen de familias de muy baja extracción social, especialmente de la zona rural o áreas periféricas de grandes ciudades incluida Lima, que ante la dificultad de tener una vida mejor y cuyos hijos se debaten entre la ignorancia educativa y el ostracismo social, buscan escalar ante las pocas expectativas que tienen, de manera rápida y ven en el cumplimiento del deber militar una especie de vía moral, para el logro de su cometido y porque prácticamente todos, son patriotas convencidos que vieron en las instituciones castrenses una forma de hacer posible la defensa de la nación, para la seguridad interna de todos los connacionales, es decir, en el imaginario social de los mencionados «servir a la patria», es en términos racionales «servir a la vida y la libertad del individuo».

Precisamente, y por ese principio o inicio de la virtud que otros no tienen, son los jóvenes los que precisan de una formación moral racional además de entrenamiento de buen nivel en combate, pero a qué me refiero con esto, que el servicio militar debe ser profesional, debe atender solo la necesidad real de seguridad interna y externa del país, por tanto quienes ingresen a prestar el mismo, deben ser rigurosamente seleccionados, ya que un militar sin formación moral es un potencial y seguro enemigo de la humanidad y de la razón, incluso de sí mismo.

Un militar carente de formación moral solo puede convertirse en un militarista, un golpista, un enemigo declarado del orden constitucional y del estado de derecho y nuestra historia está más que plagada de esos, pese a que muchos hicieron cosas que los civiles no hicieron pese a sus posibilidades y oportunidades.

El fin de un militar es usar la fuerza contra los enemigos de la libertad del individuo del país al que pertenece y si es que estas son violentadas por otros militares, aunado a esto también en casos exclusivos y difíciles cuando el orden interno se haya quebrantado en una forma de tiranía o anarquía tanto política como social.

En consecuencia, las responsabilidades y la carga de implantar el orden social bajo una moralidad intachable son mayores para un militar, pues en el caso que suceda lo más grave, el mismo está ahí para respaldar a la República, a la Constitución, a la libertad en general, y sobre todo al individuo.

Sin embargo, la realidad es que hasta la actualidad tenemos a muchos militares de rangos superiores que se comportan más como comisarios de la NKVD que como seres racionales, los mismos que abusan de los jóvenes principiantes que desean formarse no solo en combate sino en ética militar, tratándolos como a bestias, solo porque «son iniciados que deben “comprender la dureza» de la vida militar (como si la dureza implicara tratos degradantes), no formándolos en la ética de la elección que Ayn Rand identificó sino en la ética kantiana del deber, es decir, obligar al hombre a cumplir «órdenes» más por un falso sentido del deber y sin que el hombre articule oposición racional cuando el abuso es evidente ¿Qué futuro como nación, nos puede esperar con este tipo de personajes? y en el contexto social de que los jóvenes patriotas de cualquier clase miren con buenos ojos a los institutos armados ¿Qué incentivo pueden tener en servir al país, en respetar a sus pares y en defender a su nación de la tiranía y de sus enemigos?

Y es que no se enseña solo a usar la fuerza para combatir a otra contraria, sino a comprender racionalmente las implicaciones de la misma, disminuir el dolor entre los suyos, ser efectivo en el momento de acabar con los enemigos de la libertad, entender el valor de la vida humana, así como tener control de las emociones (como el miedo) de forma racional, bajo un sentido práctico y efectivo de la justicia. Los militares tienen ese mismo fin, igual que los policías y otras instituciones de seguridad.

El grave problema de la moralidad kantiana, es que se entremezcla con la brutalidad del militarismo y es muy típica en sociedades subdesarrolladas y sin instituciones fuertes (como la nuestra) donde ven al colectivo como ente en primacía sobre el individuo.

Para el inmoral, de cualquier jerarquía militar, el individuo no tiene valor. Por consecuencia, la muerte de estos cuatro jóvenes es una demostración más de lo que escribo aquí: la brutalidad militarista y la ética kantiana del deber. Y son estas muertes las que se repetirán siempre cuando ambas primen sobre la razón y la ética, especialmente cuando muchos miembros de las élites militares crean y sigan creyendo que ser militar de alto rango implica usar a sus subalternos como «objetos descartables», imponiéndoles castigos irracionales (entrar en botas dentro de una playa de acceso restringido por su peligrosidad, que es lo más seguro, entre muchos indecibles) a gusto arbitrario o despreciarlos al estilo hacendado no permitiéndoles usar botas para tener un atuendo decoroso – como en el caso de la vistosa y legendaria Guardia Montada Mariscal Nieto, de Palacio, cuya tropa debe usar zapatos rematados en escarpines y desgastadas charreteras de hilos mientras los oficiales si usan charoladas botas de espuelas y novísimas charreteras doradas – es lo que debe llamar la atención de todos.

Ya basta también de que el gobierno no tenga siquiera la más mínima dirección para encaminar a las FFAA a su profesionalización, respeto y admiro a los militares por ser familia de los mismos, mi familia es de tradición militar ligada a la historia por tres hechos, que no voy a relatar, siempre reclamaré a los gobiernos su indiferencia y maltratos ante sus evidentes padecimientos, pero hechos como estos no puedo sinó condenarlos y reclamar con más ahínco al gobierno, para que de una vez por todas deje de lado su indiferencia y desprecio por el sector. Al fin y al cabo, con los buenos elementos, que si los hay, mucho se puede hacer.

Por Richard O. Campos Villalobos, sociólogo, analista político y profesor universitario

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