blog | 22 mayo, 2009

Lecciones de los 40 años de la Comunidad Andina

ILE

El 26 de mayo la Comunidad Andina (CAN) cumplió 40 años de vida que será recordada por algunos como un controvertido mecanismo de integración. Al momento de crearse debilitó a la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) con la aprobación de las Resoluciones 202 y 203 de 1967 para formar un bloque subregional al interior de la ALALC con una visión distinta del desarrollo económico integrado por Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile, y Perú. Ahora el libre comercio le esta pasando la factura a la CAN pues ha partido a dicho proyecto integracionista en dos sub bloques: un bloque proteccionista conformado por Bolivia, Ecuador y Venezuela, y el otro bloque partidario de los Tratados de Libre Comercio integrado por Colombia, Chile y Perú.

 

En cuarenta años, la CAN (llamado en ese entonces Pacto Andino o Acuerdo de Cartagena) ha tenido prácticamente tres visiones de desarrollo (1969, 1989, y 2009) lo que ha supuesto modificar en estos años toda una estructura institucional a través de varios protocolos, siendo el más importante, el Protocolo de Quito de 1989, donde se admite que la visión económica de 1,969 ya era obsoleta y, que la distribución equitativa de beneficios por medio de la programación industrial y la Decisión 24 ya no serían el marco de referencia de las futuras políticas económicas. Debia dar paso a las reformas comerciales de los noventas que venian siendo impulsadas intrasubregionalmente con la implementación de las políticas del Consenso de Washington en cada país miembro.

 

Lo que apuntaba ser un mercado común ahora parece reinvertarse como foro de contrapeso político ante otros bloques en América y Europa, y esto, porque al introducirse reformas institucionales a partir de 1989 con el Protocolo de Trujillo, se institucionaliza el Consejo Presidencial Andino y el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores como parte del Sistema Andino de Integración, quedando claro que la incorporación de estos dos estamentos políticos significó para muchos la pérdida de poder de la tecnocracia de la Secretaria de la CAN.

 

Como ahora las expectativas de los actores sociales y políticos de  la CAN ya no estarán más enfocados en la “distribución equitativa de los beneficios económicos de la integración” sus mayores incentivos serían apuntar a la distribución equitativa de los beneficios políticos. Al respecto, la tercera visión estratégica de la futura integración andina será incluir nuevos actores políticos para compartir el poder como lo señala el actual Secretario de la CAN Freddy Ehlers: «En esa nueva visión se privilegia por igual los temas político, social, medio ambiental, de relaciones externas y comercial, permitiendo dar un giro sustancial en los ejes estratégicos y pasar de una integración con énfasis en lo comercial a una integración que pone en el mismo nivel a todos ellos».

 

Este reconocimiento implícito del fracaso de la CAN como mecanismo para acelerar el desarrollo latinoamericano pone de relieve el importante giro de timón jamás pensado por la Declaración de los Presidentes de América en abril de 1967 y, ni siquiera por sus fundadores Jorge Valencia, Tomás Elio, Salvador Lluch, José Pons y Vicente Cerro. Nunca pensaron que la CAN despues de 40 años se convertiría en un foro político pues la necesidad de desarrollo de ese tiempo era distinguirse del Tratado de Roma (lo que es ahora la Unión Europea) por sus objetivos económicos antes que políticos, como prescribia en ese tiempo los impulsores de la teoría del subdesarrollo latinoamericano entre ellos el ex presidente Enrique Cardoso,  Enzo Faletto, Celso Furtado, Enrique Iglesias, Raul Prebisch, y Osvaldo Sunkel.

 

Creo que los cuarenta años de la CAN si han dejado una enseñanza positiva de lo que no debe hacerse a diferencia de sus detractores. Cuando hay un divorcio entre la visión de desarrollo de una élite política y los proyectos económicos de decenas de millones de ciudadanos libres, siempre estos últimos son los que prevalecen en el tiempo con su misma arquitectura institucional: el mercado factorial es primero que el mercado de bienes y servicios cuyos mecanismos de integración económica son la acción humana, moneda, precios, costes de oportunidad, preferencia temporal, y pérdidas y ganancias. En cambio, la visión política de estas élites les ha impedido concebir mejores estructuras institucionales porque su intento de concentrar el poder político en pocas manos ha creado organismos de naturaleza rígida, burocrática, y formalista (casí solemne) que no condensa la visión dinámica del desarrollo de millones de ciudadanos libres de la CAN.

 

Por Jose Luis Tapia, Director del Instituto de Libre Empresa.

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