blog | 5 diciembre, 2005

El Poder Judicial

ILE

Uno de los reclamos evidentes del electorado es reformar al Poder Judicial. Ninguno de los candidatos que se presentaron en el CADE hizo bandera suya de esta trascendental reforma. Mientras tanto, los ciudadanos de a pie nos encontramos hasta ahora desprotegidos frente a los abusos del Ejecutivo y Legislativo sin que la Defensoria del Pueblo pueda hacer algo al respecto, por que simplemente es un elemento decorativo dentro del sistema que no puede castigar al poder político.

Entre tanto, el ministro Zavala en su peculiar estilo dice que no hay “caja” para atender los legítimos reclamos del Poder Judicial. Es un pretexto como otros al reconocer que no tiene capacidad política para convertir los inservibles activos estatales en un fondo especial a través de la venta de empresas estatales como Tans, Petroperú, Agrobanco, entre otras, para así obtener los cientos de millones de dólares que el Poder Judicial necesita.

Pero la incomprendida situación de la judicatura me viene a la mente que quizá las cosas las estemos pensando al revés de la historia. Por ejemplo, en la época medieval, un milenio oscuro, sin ideas, sin derechos individuales, culminó con la revolución gloriosa en Inglaterra en 1649 con las 19 “propositions” que obligó al Rey Carlos I arrodillarse ante Poder Legislativo. Esto significó el reconocimiento de facto que el sistema legal era independiente de la corona. Mientras que por el otro lado, el control de la ley pasaría a manos de los jueces, liderado por el magistrado Edward Cook quien consolidó la jurisdicción de la ley a manos del nuevo Poder Judicial, es decir, la separación plena del poder político del poder jurídico.

Ninguno de los vicios del Poder Judicial es atribuible a dicho poder, son más bien consecuencia de la involución histórica que lo ha llevado a la opresión absoluta de parte de los otros dos poderes políticos. Lo han convertido en un órgano y no en un “poder” efectivamente como tal.

Un Poder Judicial bien constituido nos puede defender de los abusos del Congreso, de políticos y empresarios poderosos, como nos recuerda el libertario Murray Rothbard.

Por Jose Luis Tapia, Instituto de Libre Empresa.

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